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En memoria a Sebastián Miranda

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Andrés Arzuaga | Y esta imagen, reflejo de qué

Y esta imagen, ¿reflejo de qué?

La luz pega en los objetos, las cosas, las personas y nos da así el contorno,

la forma y el color, una sensación,

una presencia que no es más que luz, reflejo.

ni más 

ni menos.

Deseo, persigo… no sé ya cómo decirlo, 

más!

o menos!

y no esa cantidad justa y precisa que nos es dada de las cosas.

Me gusta fantasear que lo que hago no son imágenes,

que están un poco antes o un poco después, pero no el momento exacto,

que no es ahora, ni aún el momento. 

En esta diferencia veo lo poético.

que se parezca a un comienzo, a un antes o un detrás.

Rezo.

Una imagen que no sea reflejo, que no sea retorno 

que sea promesa de algo que va a suceder, o algo que definitivamente ya pasó,

un resto.

Andrés Arzuaga, septiembre 2025

Estímulo MB II / Glitch del sistema

Poco a poco

Por Natalia Albanese Gisbert

Son los 2000. Suena por FM La Tribu, una voz aguda con una base electropop, es la voz de Adrián Nievas, el cantante de Adicta. Hay dos que están sentados en el banco de una plaza, con una revista Rolling Stone en las manos:

Saco de una caja algunas cartas,
quiero contestarlas otra vez.
Tantas oraciones sin sentido
que van a leer lo que escribí.

Estrofa de la canción Poco a poco (Adicta)

Son los 2000: la efervescencia y experimentación en el arte empieza a la madrugada en los boliches y sigue por las calles a la luz del sol. Es que veníamos del Rojas y el under (Cerviño, 2016), y tambalean las nociones de arte canónico, y los lenguajes representados: Benedit, Gumier Maier y Pacheco lo retratan en el libro de los 90 que edita el Fondo. Ahora en Belleza y Felicidad, Juana de Arco, Ruth Benzacar, los nuevos museos, son los espacios donde circulan narrativas emergentes. Cómo estamos melancólicas y somos un poco caprichosas, quisimos rememorar ésos perfumes, poéticas visuales y canciones, con la exhibición Glitch del Sistema – Estímulo II de Miranda Bosch. Tras una convocatoria plagadas de artistas super interesantes Hernán Worthalter, Clara Ríos y quien escribe Nat Albanese, seleccionamos a una extraordinaria banda: Agustina Nattero, Bárbara de Cicco, Belén López De Carlo, Carlos Bugnon, Elisa Insúa, Enzo Luciano, Ezequiel Chiodi, Felipe Ballarena, Francisco Heredia, Fran Stella, Ivanna Landucci, Kim Ji Hyun, Laura Palavecino, Lucía Erijimovich, Marta de la Gente, Nacho Novillo, Natacha Ambros, Pablo Pérez Torres, Pedro Greco, Rodrigo Barcos, Saro Quartino, Valentina Sava, Valeria López, Veky Power y Vicky Pujol Ferrari. 

Así en las dos plantas de la galería podemos observar, un primer piso que condensa la experimentación con la materia, la búsqueda de la anomalía, lo monstruoso, donde aparecen materiales como el plástico, el vidrio, el metal, la arcilla. La emergencia de éstos elementos no es inocente sino que se destacan por ser punzantes, en ocasiones agresivos porque parten desde la disconformidad ante la injusticia en este mundo. Por otro lado, la planta alta, mayoritariamente pictórica, despliega trazos figurativos donde las figuras son atravesadas por preguntas que pendulan entre la diversidad sexual hasta los vínculos entre amigas. A su vez, se pueden apreciar piezas surgidas de experiencias biográficas donde se expone la fragilidad del cuerpo y son convertidas en obras con lenguajes estéticos.

Ahora, entonces, que la melancolía pasó, pues las dos plantas de Miranda Bosch están plagadas de experimentaciones contemporáneas de distintos territorios, morfologías y visualidades, apagamos LA TRIBU un rato y nos vamos a la plaza. 

1 Es un colectivo de comunicación y cultura que funciona en la casona de Lambaré 873 (Almagro, CABA) desde 1989: “Una voz se hace circuito y el brote altera el orden” https://fmlatribu.com/.

2 Es una banda argentina de pop fundada en el año 1999 en La Plata. Su estilo musical incluye notas de rock, electropop y música electrónica.

3 Otro tanto pasaba en Córdoba con Casa 13 y diversos grupos artísticos con prácticas desmaterializantes.

Julio Hilger | Popoqui, nube, pompón, voteya, cepilio, sorbete, boliyita, pelusa, tapita, ojotas, carita, michifuchi

Curadora: Clara Ríos

Desde mediados del siglo XX, distintos artistas han explorado la ética y la estética del caos como forma de resistencia frente a la ilusión de armonía y control. En la pintura de Hilger, esa búsqueda se traduce en un principio activo: una materia que se despliega siguiendo su propia lógica interna. No rehúye la inestabilidad, sino que la abraza, revelando la multiplicidad de cuerpos y sentidos que coexisten sin necesidad de armonizarse.

Se trata de una pintura que asume una posición crítica frente a la herencia cultural que, directa o indirectamente, procesamos, integramos y reconocemos como propia. Su trabajo de esta forma se vuelve inevitablemente disruptiva e híbrida, lejos de toda armonía posible. Las pinturas que Hilger presenta en “Popoqui, nube, pompón, voteya…” encarnan esta resistencia: piezas que, mediante el juego, la ironía y el lenguaje coloquial, desafían los cánones establecidos y ponen en relieve genealogías diversas, revelando así la complejidad de una identidad en tensión.

El lenguaje mixto y el cuestionamiento de la norma son ejes centrales en las últimas series que el artista desarrolla, tanto en los dibujos como en sus esculturas. En su iconografía conviven perritos tiernos con tatuajes de Patricio Rey, koalas borrachos que parecen rescatados de un incendio provocado por un osito negligente, arlequines y fisicoculturistas. En sus pinturas, este universo camp cobra, literal y figurativamente, otro color: los tonos tierra, vinculados al pigmento puro, se manifiestan en el ladrillo de los jarrones y en los arlequines cada vez más alejados de referencias como Picasso o Pettoruti. Entre la multitud de personajes, donde también abundan los rosas y azules en una estética entre cute y kitsch, se destacan elementos como el sintetizador usado en la cumbia —ya presente en dibujos anteriores con retratos de Pablito Lezcano—, los bongos y los carpinchos que avanzan sobre los (ya clásicos) gatitos persas que habitan la tela.

Entre personajes con rostros de máscara africana y guitarras criollas, el artista trabaja la idea de que las identidades culturales —o al menos aquellas que lo identifican a él— son fragmentarias, plurales, nómades y, sobre todo, sincréticas. Su pintura se vuelve así un campo de disputa simbólica: una verborragia de ternura interrumpida por situaciones semi-eróticas o caricaturas borrachas, generan una sensación de contagio entre escenas abiertas y poco claras. Su obra es sincrética en tanto articula lo heredado y lo contemporáneo, lo gráfico y lo escultórico.

Esta coexistencia, operando desde el conflicto, dibuja un campo expandido para la construcción del lenguaje. Los personajes de Hilger encarnan ese debate que, en tiempos de migración, desplazamiento y crisis ambiental, propone una crisis del sujeto. Un exceso visual hecho mapa roto, compuesto en tensión constante entre disonancia, sobrecarga y simultaneidad.

Clara Ríos, agosto 2025

Aili Chen | Piel de papel

Piel de papel

Aili Chen

Curadora: Clara Ríos

Piel de papel, de Aili Chen 

Más que representar, la obra de Aili Chen traza —una y otra vez— los contornos de una topografía del alma. Su trabajo invoca la idea de que la vida interior no se percibe como una abstracción inmaterial, sino como un territorio vivo, donde cada pliegue o trazo deja huellas capaces de activarse. 

Esa geografía psíquica, encarnada en su piel de papel, es habitada por cuerpos iluminados. Una instalación pone en escena las clásicas lámparas chinas que, hechas a mano con una técnica ancestral, revelan una estructura invisible, necesaria para la comprensión. En los procesos de la artista, la imagen se concibe como forma mutable, viajando en un gesto manual que enlaza pasado y entorno, abriendo así un espacio simbólico donde dialoga con la tradición y sus rituales. 

Aquí, la luz no expulsa la sombra, sino que la acompaña: revela lo que aún carece de nombre. Como oráculos, las obras activan una memoria común, desplegando imágenes que atraviesan a los sujetos y se instalan como ecos emocionales. En este territorio, Chen recurre a materiales frágiles, acuarelas de líneas suspendidas y trazos mínimos, registrando el vacío no como ausencia, sino como presencia dinámica. El concepto japonés de ma —ese intervalo cargado de sentido— se vuelve central: en ese umbral, donde el tiempo se pliega y el ritmo se interrumpe, surge la posibilidad de sostener lo esencial. Desde allí, la artista compone mundos posibles en los que los órdenes perceptivos se desplazan y se tensan, abriendo paso a la transformación, la deriva y al pensamiento en movimiento. 

En sus pinturas, las 384 líneas que conforman los hexagramas del I Ching se despliegan como un sistema de signos donde cada trazo contiene la posibilidad del cambio. Más que ilustrar, las acuarelas traducen la lógica combinatoria y el carácter ritual de este saber ancestral, articulando azar y estructura. Así, la obra establece un diálogo entre la temporalidad cíclica del I Ching y la experiencia, desafiando la linealidad del tiempo. 

Este conjunto de trabajos introduce momentos de silencio, quietud y contemplación. La práctica de Aili Chen habilita un escenario donde lo mínimo y lo delicado tejen las condiciones para una percepción abierta, capaz de incluir incluso aquello que parece inamovible. Su territorio conceptual —trazado por la fenomenología, la evocación transubjetiva y la imaginación como brújula— transita la tradición y lo ancestral para abrir diálogos que cuestionan y expanden los límites establecidos. En esa cadencia, la obra explora una condición permeable, atenta a lo impermanente y a las transformaciones que operan íntima y silenciosamente. 

Clara Ríos, agosto 2025

Pablo Cabrera | Nuevos dibujos del Río de la Plata

Nuevos dibujos del Río de la Plata

Pablo Cabrera

Curador: Mario Scorzelli

Nuevos dibujos del Río de la Plata

Pablo Cabrera lleva más de tres décadas dibujando en la ciudad de Buenos Aires. En ese tiempo, sus obras —acuarelas, cerámicas y otras expresiones que bien podrían identificarse bajo el rótulo de dibujos— han circulado con discreción por pequeños locales comerciales y talleres gestionados entre amigos, espacios tan improvisados como centrales para la educación sentimental de una generación de artistas previa a la reorganización general del sistema de galerías de la ciudad que, en los últimos años, ha visto crecer sus espacios expositivos a la par de sus desproporcionadas ambiciones.

Sin embargo, a pesar de todos esos cambios, la escala y el estilo de las obras de Pablo Cabrera aún conservan el rasgo idiosincrático del arte porteño, que suele subsumirse bajo el rótulo de “chico”. Una palabra que puede resultar confusa para describir un dibujo que, más allá de toda abstracción, contiene en su interior una gran escena, repleta de maestros y amigos, con interminables jornadas de vida cotidiana y trabajo en el taller.

Las obras de Pablo Cabrera nos recuerdan que el dibujo es, a la vez, un instrumento técnico para proyectar el progreso y un firulete desinteresado. De esa manera, en las líneas fantasmales que componen sus obras expuestas en la galería Miranda Bosch, se hacen presentes todos los traumas de la arquitectura y el arte de Buenos Aires. Con el misterio de algo que se mueve a su propio ritmo, imperturbable ante los cambios en las condiciones de su entorno, estas obras son el resultado de una larga trayectoria, un dibujo que ha logrado sobrevivir tres décadas sin la necesidad de hacer cambios bruscos en su rumbo para alcanzar grandes proezas. 

Por último, no estaría de más tener presente que los planes para Buenos Aires están plagados de dibujos. Empiezan con una línea temblorosa que asciende desde el Río de La Plata y termina convertida en la calle Florida. Continúan dándole forma a un programa pedagógico colosal, que eleva el dibujo al estatus de una disciplina fundamental para la misión civilizadora. Finalmente, se materializan en planos encargados de negociar entre la inercia de las construcciones existentes y el entusiasmo de lo que todavía no existe, dando lugar a un movimiento entre la tradición y la modernidad. De esa manera, un simple trazo puede ser capaz de dibujar un recorrido que cambia el mundo, una trayectoria para salir del estancamiento de los callejones sin salida. Como estos dibujos de Pablo Cabrera, que no se limitan de forma estricta a delinear la ciudad con todas sus vueltas y vaivenes, sino que se ocupan de rellenar ese armazón con la humanidad, la emoción y el corazón de Buenos Aires.

Mario Scorzelli, Julio 2025

Azul van Peborgh – Pentimento

Pentimento” 

Curaduría: Natalia Albanese Gisbert

Junio – Agosto 2025 | Miranda Bosch Galería

Exposición individual de Azul Van Peborgh ante la curaduría de Natalia Albanese Gisbert

Azul toma los lápices óleos pasteles para que con sus dedos busquen vías autónomas en sus itinerarios por la superficie de la tela. 

Se perciben en sus obras el uso de la perspectiva, diferentes ritmos en el trazo y por añadidura: desplazamientos, caídas y accidentes acentuados por la intensidad del color. La composición final de sus trabajos pictóricos es el resultado de éste devenir y de los errores que aparecen en éstos recorridos. 

Esta exhibición de Azul es fruto de la primera edición del Premio Estímulo Miranda Bosch Complot Evocativo. Está compuesta por un conjunto de bastidores de gran formato y una intervención en una nueva sala expositiva de la galería en la que se incluyen dibujos en la pared, pinturas y cerámicas. Asimismo, en la trama que se creó en los muros de la última sala recoge el trazo de la artista y su mamá, de la curadora y su hija; hilvanando así saberes y afectos. 

Generosamente, la artista despliega con habilidad una amplia gama de colores en cada tela, los contamina y los polariza sin perder el foco de atención en su preocupación por la totalidad de la poética visual en cada pieza.

El título Pentimento de este ejercicio expositivo toma como referencia el término pentirsi de la lengua italiana, cuya traducción en español significa arrepentirse. Hace alusión a las modificaciones que un artista hace en una obra pintada. Estas alteraciones pretenden cambiar o corregir un fragmento no deseado. Es una manera de asumir arrepentirse artísticamente desde la cual la artista devela el error original y su posterior transformación. Desde ese lugar de enunciación, la autora citadina recrea paisajes ficcionales: arma y desarma las configuraciones espaciales de montañas, ríos y lagos despojados de la presencia de seres humanos. Son landscapes mentales en donde líneas y puntos vibran conformando universos ¿oníricos? ¿irreales? ¿naturales?. A su vez, dentro de cada pieza pueden encontrarse microrrelatos en los que interactúan los elementos a través de asociaciones por sus texturas, formas y colores.

La incorporación de la cerámica en el diseño expositivo ha irrumpido para dejar las huellas corpóreas del procedimiento de la artista a los fines de componer éstos paisajes. Dado su caudalosa capacidad de creación, éstas piezas recrean parte de la atmósfera visual que recupera lo pétreo y perenne de la naturaleza.

Por último, la trama dibujada en sala intenta poner la mirada en eso que está por desaparecer en el horizonte, es otra operación para recuperar la trama de ese ecosistema imaginado en el lenguaje de la artista.

Develar el espesor – Tamara Moura Costa y Federico Kehm

Develar el Espesor ” 

Curador: Julieta Agriano

Junio – Agosto 2025 | Miranda Bosch Galería

La etimología de lo digital remite al cuerpo: digitus, en latín, significa dedo. Contar con los dedos fue una de las primeras formas de traducir el mundo en números. Ya en el siglo XX, el término comenzó a designar aquellas tecnologías que operan con información codificada en unidades discretas —ceros y unos—. Hoy, lo digital comprende un sistema algorítmico que se manifiesta organizando la existencia a través de metáforas visuales desde donde se construyen el sentido y la subjetividad.

El lenguaje es una vasija frágil cuyo líquido comienza a exceder las estructuras que lo contienen. El sistema computacional, tejido binario de impulsos en apariencia inmateriales, genera formas que se condensan en archivos —imágenes, sonidos, texto— cuya materialidad digital se define por su capacidad de reproducirse indefinidamente, siempre que una interfaz habilite su manifestación. En este sistema técnico que atraviesa la forma de vida contemporánea, el sentido tiende a aplanarse: las dimensiones simbólicas se reducen a superficies de circulación rápida, estandarizadas por las lógicas de la eficiencia y la economía de la atención.

En este contexto, la muestra presenta prácticas artísticas que operan como tentativas de interrupción y desvío. A través de sus obras, Federico Kehm y Tamara Moura Costa desbordan los límites de la superficie digital, donde lo generativo se manifiesta como un pulso: una lógica de creación continua, en la que cada forma es una versión momentánea entre infinitas posibilidades. Cuando la insistencia del código se cristaliza, el tiempo se curva y abre paso a capas ocultas que flotan en una atmósfera tenue, como si el mundo digital soñara con volverse aire. Despojados de las pantallas luminosas, los artistas suspenden la performatividad del código para expandirlo hacia otras densidades materiales en territorios como el papel, la resina o el plexiglás. Allí donde lo visual roza lo táctil y lo abstracto es contaminado por lo figurativo, el tiempo deviene vibración y volumen.

En los trayectos que emprenden Kehm y Moura Costa por un campo material en disputa, las formas se pliegan sobre sí mismas y el tiempo deja de avanzar en línea recta. Desplegar el pulso generativo hacia otras materialidades se vuelve así un gesto de doble restitución: devolver a los procesos su espesor simbólico y a lo digital su condición de materialidad afectiva.

Julieta Agriano, curadora, Junio 2025

Sandra Guascone – ¿Cómo convertirse en niebla?

Sandra Guascone – ¿Cómo convertirse en niebla?

Curaduría por Clara Ríos

Junio – Agosto 2025 | Miranda Bosch Galería

“En la enseñanza de Carlos Castaneda, la noción de tensión —o tensibilidad— alude a una disposición del cuerpo y del espíritu que conjuga firmeza y flexibilidad. No se trata de endurecerse ni de aferrarse con rigidez, sino de habitar un estado de alerta serena, donde la atención se vuelve aguda sin perder la fluidez. Es una postura física y mental sostenida con precisión, capaz de responder al entorno con claridad y prontitud, sin ser arrastrada por el caos ni adormecida por la comodidad. Una forma de estar presentes en el filo del instante.

Los movimientos de Sandra Guascone son mínimos pero cada gesto convoca una presencia total. Al dibujar, habita su cuerpo como quien habita un templo. No se trata de hacer, sino de permitir; no de controlar, sino de afinar la escucha. Los pensamientos pierden su urgencia y lo que queda es una atención expandida, sensible, que no se aferra a nada pero lo percibe todo: el peso del cuerpo en la tierra, el roce del aire, la música sutil del equilibrio. En sus piezas, la energía circula sin esfuerzo.

Como si la imaginación se emancipara de la realidad inmediata, sus dibujos se mueven en la esfera de las revelaciones, producidas por una transformación de la conciencia activada por prácticas de meditación. Sus escenas, construidas con un trazo satinado hecho con lápiz de color y pastel a la cera, trascurren sobre hojas papel madera o de color, evitando el blanco a toda costa. No hay fondo neutro en los dibujos de Sandra, pues en las visiones el fondo y la figura muchas veces se funden para no quitarle importancia a nada. Pájaros, serpientes, huevos, ojos y fuego se mueven al ritmo que propone la artista, un deambular en una trama de ideas psicodélicas y sensoriales.

La metamorfosis es un recurso central en las composiciones, desplegando imágenes que exploran los bordes entre el cuerpo y el paisaje. En sus dibujos, pájaros se funden con minerales, el cuerpo aparece de adentro hacia afuera y las flores se transforman en estallidos de color, como si fueran fragmentos de un arcoíris detenido en el tiempo. Esta hibridación visual subvierte la diferencia entre lo natural y lo artificial, y remite a estrategias formales del surrealismo, donde la lógica onírica y la libre asociación simbólica operan como dispositivos de producción visual y permiten crear la cosmogonía propia de la artista.

Una serie de pequeños dibujos cierra la exhibición, “Los procedimientos”.Se trata de ejercicios derivados de exploraciones con color, constelaciones de ideas e introspección,  que dan lugar a morfologías de otro mundo. Flores de Marte parecen emerger del papel y dialogan con los pájaros psicodélicos de las otras salas. Ninguna de las criaturas de Sandra parecen de este mundo, sin embargo, encarnan a la perfección evocaciones religiosas, visiones e imágenes psicodélicas, todas imaginadas por la mente humana. 

¿Cómo convertirse en niebla? es una invitación a cambiar de profundidad, a transformar los procesos internos y transitar otros matices, espesores y pensamientos. Esa es la clave: la alquimia interna, el desplazamiento sutil que transforma la percepción y nos permite vislumbrar un cambio de densidad. Es agua en suspensión, en estado de tensibilidad —esa sensibilidad en tensión— que habilita una constelación de realidades paralelas, cuyos márgenes desdibuja Sandra, desprovista de forma y convertida en niebla. No es una salida. Es otra forma de habitar.”

Clara Ríos, junio de 2025.

*Esta exposición es el resultado de la primera edición del Premio estímulo MB en 2024, en el cual Sandra Guascone obtuvo el primer premio dado por el jurado compuesto por Natalia Albanese Gisbert, Joaquín Rodriguez, Abel Quaglianone y Clara Ríos.

Hernán Salvo – “Doble péndulo”             

Hernán Salvo“Doble péndulo”                                                                                    

Curador: Marcos Krämer

Marzo – Mayo 2025 | Miranda Bosch Galería

El ejercicio es sencillo. Para eso tenemos que pararnos delante del espejo del baño, idealmente cuando está tapado de vapor, y dibujar con el dedo el contorno de nuestra cabeza. Acto seguido limpiamos de vapor el interior de ese contorno y lo que descubrimos es, por lo menos, inquietante: el círculo, que en el reflejo nos daba la impresión de ser una copia exacta de nuestra cabeza, en verdad tiene un tamaño considerablemente menor, exactamente la mitad; porque esa figura, que veíamos como nuestro fantasma inmediato en tamaño natural, está realmente ubicado a la misma distancia que nosotrxs del espejo. En este ejercicio, con el que juega el historiador del arte Ernst Gombrich, se devela algo perturbador de las ilusiones artísticas: lo que vemos no es lo que entendemos, y no se puede ser presas de la ilusión visual mientras se comprende la ilusión. Alguno de los dos términos, en algún momento, se nos escapa. Pero vuelve y desplaza al otro, y así hasta el infinito: como un péndulo.

En este borde exacto se ubican las obras e investigaciones visuales que Hernán Salvo presenta en esta oportunidad, como si sus obras no solamente fueran conscientes de esto, por sí solas, sino que además se erigen como el mismísimo espejo del ejercicio anterior: entre dos realidades. Pero esto no sucede por el sólo hecho de que la vidriera de la galería es el primer soporte de ese juego, con la bruma que lo ciega salvo en el círculo central, como si estuviera empañado. Esta intervención en el espacio de la galería es la reducción más nuclear de sus búsquedas estéticas, el prólogo de las ilusiones a las que nos invita, el manifiesto no verbal en el que distribuye aliados y enemigos, como en todo manifiesto.

Pero debiera decir que las alianzas y las enemistades artísticas de Salvo tienen a la misma protagonista en el centro: la ilusión visual. Porque en cada una de sus obras, la chance de ver y de entender al mismo tiempo la imagen, sus luces, sus colores y sus contundencias, desafía la sentencia de Gombrich. Las obras de Salvo desatan el doble cordel de la imagen, el de la simulación, donde hay una mentira tan verdadera como lo real y una realidad tan mentirosa como una ficción. Por eso los colores y formas de sus obras aparecen y desaparecen sobre la superficie. Porque aparecen a nuestros ojos y desaparecen en nuestro intento por explicarlas, en un circuito infinito entre el ojo y la incredulidad.

Es claro que Salvo no elige el hiperrealismo para jugar en ese vaivén entre la ilusión y la realidad, como lo intentó hacer la historia de la pintura hasta el siglo XX. Salvo logra esto de una manera mucho más sutil, encadenándose a la tradición de la abstracción, tan rica (y tan mal pagada por la historia) en las costas oxidadas del Río de la Plata. Su obra hace un barrido inteligente y elegante de la historia del arte abstracto y geométrico en la Argentina: inventa objetos concretos inexistentes en la realidad, investiga las opciones volátiles de la luz y coquetea con paisajes espaciales. Pero al mismo tiempo, las obras de Hernán cargan con una sombra generacional involuntaria: son pantallas, esos objetos a la vez planos y profundos que se convirtieron en una entidad más de nuestras vidas desde la democratización de la televisión y luego con internet y la telefonía digital; esas pantallas que construyen una imagen reconocible a partir de una abstracción química y tecnológica que sucede en la oscuridad de su interior, en lo que no vemos ni entendemos. Me animo a creer que Salvo pareciera hacer lo inverso: detrás de sus abstracciones hay paisajes nublados, relámpagos abriendo una bruma, estrellas fugaces disparadas por la atmósfera y hasta huellas dactilares como grafismos paleolíticos. Ante el hiperrealismo reinante de las imágenes creadas por la IA que aparecen en nuestros dispositivos, Salvo elige apagar la pantalla y esgrafiar sobre su superficie, a veces, o hacernos ver colores en su contorno, otras. Y este es el segundo péndulo, que al moverse genera, con el otro, un movimiento constante impredecible: realidades que son abstracciones, que dejan de serlo para convertirse en visiones empañadas de lo real, que se transforman en pantallas ciegas que vuelven a ser realidades. El movimiento del doble péndulo: lo más caótico que la ciencia puede explicar. 

Por todo esto, es imposible pensar que el interés de Hernán en estos vaivenes que se tuercen en los ojos se limitan solamente a la armonía compositiva. Desde hace años las obras de Salvo atesoran la necesidad de cuestionar las cualidades enigmáticas de lo visible más allá de nuestro planeta: ¿qué porción podemos realmente ver de todo lo que no alcanzan nuestros ojos, nuestros cuerpos por ahora? 

Hace dos años el telescopio James Webb, que navega por los rincones más recónditos de la galaxia desde 2021, tomó una de las fotografías infrarrojas más profundas del universo, la del cúmulo de galaxias SMACS 0723. Pero hay dos certezas terroríficas en este hecho: por un lado, la imagen no es una fotografía de toma directa sino una creación ilusoria, para los ojos, a partir de estímulos energéticos; por otro lado, y pese al esfuerzo, la imagen más profunda del universo es la más plana que nuestros ojos pueden ver con el tamiz de la cultura visual occidental. En eso, la imagen galáctica del telescopio se parece a las obras de Salvo: una interpretación abstracta de la vibración energética de la luz. Y el cosmos que invocamos para serenarnos, aunque nos aterre, no es lo opuesto al caos sino otro sistema impredecible que elegimos ver hermoso, plano y perforado de luces para construir belleza con la incertidumbre.

Marcos Krämer, verano de 2025

Augusto Zanela – “Muestra S/T #2 (Mambo)” 

Augusto Zanela – “Muestra S/T #2 (Mambo)” 

Marzo – Mayo 2025 | Miranda Bosch Galería

La ausencia de un título, una numeración y un ritmo actúan como señales que invitan a adentrarse en las salas. A través de diversas investigaciones que han marcado su trayectoria, Zanela reúne series que remiten a transformaciones culturales separadas en el tiempo. El surgimiento de los números en el pensamiento humano, los avances en las comunicaciones digitales, y los procesos de construcción de imágenes mediante la perspectiva y las ilusiones ópticas son los ejes que cruzan la muestra.

Los números naturales es una investigación que comenzó en 2022 y su enfoque principal se encuentra en la noción de “numeracy”, una habilidad que permite interpretar la realidad a través de los números y que ha adquirido una gran relevancia en el ecosistema de las comunicaciones digitales. En un principio, la obra exploraba la relación entre la naturaleza y el álgebra, tomando como referencia la estructura de los números digitales a partir del dígito 8, símbolo que engloba a todos los números y que remite al conjunto de los números naturales: los enteros del 0 al 9 que conforman la secuencia infinita de los números reales.

La investigación tuvo lugar en la localidad de Punta Indio, en la Provincia de Buenos Aires. Durante los ensayos, se realizaron fotografías y videos donde el dígito 8 era representado en la naturaleza mediante proyecciones e instalaciones con materiales orgánicos como ramas y pasto seco. A partir de la exploración material, se tomó el uso del carbón como elemento instalativo, lo que dio paso a acciones performáticas con fuego y brasas, cuyos registros y variaciones se pueden ver en sala.

En otras áreas de la galería, en espacios ingeniosos o inviables como la escalera, Zanela crea instalaciones en las que aplica el concepto de anamorfosis, un método de construcción óptica basado en la perspectiva. El artista desafía la percepción combinando ilusión e interacción con el espectador para crear un espacio de reflexión en torno al discernimiento.  Con recursos sencillos como cintas, o tubos de luz, construye figuras geométricas de forma meticulosa y crea escenarios en los que la imagen solo adquiere una apariencia coherente desde una posición específica -un punto de vista de ventaja-. Este juego entre la ilusión y lo concreto es lo que caracteriza esta serie de trabajos, donde se le exige al espectador movimiento, concentrarse detenidamente e intentar desglosar las ideas y recursos en Cosmos o Prismas. El ejercicio óptico pone en tela de juicio nuestra capacidad de distinguir entre lo real y lo quimérico, desencadenando una serie de post-imágenes que quedan alojadas en la retina.

Cuando las neuronas responsables de detectar patrones se sobrecargan debido a estímulos repetitivos, el cerebro tiende a buscar información en otras áreas de la imagen, lo que puede provocar inestabilidad visual y alterar los procesos de predicción y análisis de estructuras. Zanela teje una red de conceptos en su exposición; manipula contrastes, crea formas geométricas y explora la idea de ‘numeracy’, marcando una realidad inexorable: la percepción tiende a la fragilidad, se agota y se deja engañar. Muestra S/T #2 (Mambo), en lugar de emplear títulos explícitos, ofrece sutiles pistas que sugieren un orden y un movimiento rítmico, dando lugar a un sistema que, aunque coherente, resulta irregular y exigente.

Clara Ríos, Febrero de 2025