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En memoria a Sebastián Miranda

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Filosofia Fisica

Imaginemos que estos cuadros fueron pintados por unalangosta que habita el fondo del mar. (Día a día las algasdanzan un ritual acrobático. Las almejas, con sus lenguasásperas, la ayudan a preparar la tela). Sus tenazas sostienenun pincelito no más grande...

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mayo 2018 — junio 2018

Imaginemos que estos cuadros fueron pintados por una
langosta que habita el fondo del mar. (Día a día las algas
danzan un ritual acrobático. Las almejas, con sus lenguas
ásperas, la ayudan a preparar la tela). Sus tenazas sostienen
un pincelito no más grande que un pelo. Con muchísimo
cuidado vamos a retirar los pinceles de sus tenazas. Para
poder hacer esto, acariciaremos su cola durante un
momento corto, creando una distracción no invasiva. PUM!
Suelta los pinceles. Sin perder tiempo, ponemos una bandita
elástica en cada una de sus tenazas. La tomamos por su
lomo, extrayendo al crustáceo de su hábitat natural.

  1. Metemos a la langosta en un balde con agua salada, así
    esta no pierde su frescura.
  2. Manteca, cual óleo amarillo, dorada como el sol en
    invierno, tierna como una bebé recién nacida que aún no
    abrió sus ojos, cubre nuestro sartén. Agregamos una pizca
    de sal. Esperamos a que la manteca se tueste, cuidando de
    no quemarla.
  3. Encenderemos un fuego. Vamos a llenar una cacerola con
    aproximadamente 20 litros de agua. Agregamos su tapa.
    Esperamos que rompa el hervor.
  4. Vamos a nombrar a la langosta. La llamaremos Reflejo.
  5. Volvemos a nuestro sartén. Agregamos: una cebolla en
    cubos, pimientos rojos y verdes, comino y doramos todo con
    medio vaso de caldo de verduras durante 10 a 15 minutos a
    fuego fuerte. El crispeo del sartén suma a la experiencia una
    textura sonora. Nos concentramos en el sonido que emite
    nuestro cocinar.
  6. Acercamos el balde a la cocina. La langosta nos observa en
    El cielo de las langostas que pintan
    Esta receta es para alimentar de 30 a 50 personas
    silencio. Tomamos a Reflejo por su exoesqueleto con nuestro índice y pulgar. Con la mano libre retiramos las banditas
    elásticas de sus tenazas. Acercamos la langosta a la olla y en voz alta decimos: “¿Quién soy? Sí, soy una langosta y voy
    a ir al cielo de las langostas que pintan”.
  7. Reflejo se termina de cocinar cuando la caparazón se ha vuelto roja brillante. La retiramos de la olla y colocamos en
    un plato para que se seque y enfríe. Decoramos el plato con cebolla y pimientos dorados a la manteca.
  8. La langosta aún nos mira, muda y cocida como un cuadro que reposa en el plato de una pared blanca. Nos perdemos
    en el laberinto visual de su aroma. Tomamos el rompenueces y partimos su bastidor, CLACK, CRACK, PRAK, llegando
    así, a saborear el centro de su naturaleza tierna y deshabitada.

Eduardo Navarro

Artistas expuestos en esta exhibición