Aili Chen | Piel de papel
Aili Chen
Piel de papel Aili Chen Curadora: Clara Ríos Piel de papel, de Aili Chen Más que representar, la obra de Aili Chen traza —una y otra vez— los contornos de una topografía del alma. Su trabajo invoca la idea de...
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agosto 2025 — octubre 2025
Primer piso y Entrepiso
Piel de papel
Aili Chen
Curadora: Clara Ríos
Piel de papel, de Aili Chen
Más que representar, la obra de Aili Chen traza —una y otra vez— los contornos de una topografía del alma. Su trabajo invoca la idea de que la vida interior no se percibe como una abstracción inmaterial, sino como un territorio vivo, donde cada pliegue o trazo deja huellas capaces de activarse.
Esa geografía psíquica, encarnada en su piel de papel, es habitada por cuerpos iluminados. Una instalación pone en escena las clásicas lámparas chinas que, hechas a mano con una técnica ancestral, revelan una estructura invisible, necesaria para la comprensión. En los procesos de la artista, la imagen se concibe como forma mutable, viajando en un gesto manual que enlaza pasado y entorno, abriendo así un espacio simbólico donde dialoga con la tradición y sus rituales.
Aquí, la luz no expulsa la sombra, sino que la acompaña: revela lo que aún carece de nombre. Como oráculos, las obras activan una memoria común, desplegando imágenes que atraviesan a los sujetos y se instalan como ecos emocionales. En este territorio, Chen recurre a materiales frágiles, acuarelas de líneas suspendidas y trazos mínimos, registrando el vacío no como ausencia, sino como presencia dinámica. El concepto japonés de ma —ese intervalo cargado de sentido— se vuelve central: en ese umbral, donde el tiempo se pliega y el ritmo se interrumpe, surge la posibilidad de sostener lo esencial. Desde allí, la artista compone mundos posibles en los que los órdenes perceptivos se desplazan y se tensan, abriendo paso a la transformación, la deriva y al pensamiento en movimiento.
En sus pinturas, las 384 líneas que conforman los hexagramas del I Ching se despliegan como un sistema de signos donde cada trazo contiene la posibilidad del cambio. Más que ilustrar, las acuarelas traducen la lógica combinatoria y el carácter ritual de este saber ancestral, articulando azar y estructura. Así, la obra establece un diálogo entre la temporalidad cíclica del I Ching y la experiencia, desafiando la linealidad del tiempo.
Este conjunto de trabajos introduce momentos de silencio, quietud y contemplación. La práctica de Aili Chen habilita un escenario donde lo mínimo y lo delicado tejen las condiciones para una percepción abierta, capaz de incluir incluso aquello que parece inamovible. Su territorio conceptual —trazado por la fenomenología, la evocación transubjetiva y la imaginación como brújula— transita la tradición y lo ancestral para abrir diálogos que cuestionan y expanden los límites establecidos. En esa cadencia, la obra explora una condición permeable, atenta a lo impermanente y a las transformaciones que operan íntima y silenciosamente.
Clara Ríos, agosto 2025